• ¿Qué nos traerá el 5775?

     

    Estos días nuestros amigos judíos celebran el año nuevo (Rosch ha-Schana). Según su calendario el pasado 25 de septiembre fue el 1 de Tischri y empezó el año 5775. Aunque no soy judío me parece una ocasión buena para hacer un balance de lo bueno y malo, como lo cantaba Mecano en su canción “Un año más”. Esa canción de los años ochenta, en la que Mecano hace referencia a la Puerta del Sol, a ese emblemático punto cero de España al que año tras año dirigimos nuestras miradas y cuyas campanadas nos dan la certeza de haber sobrevivido otro más. Esa Puerta del Sol que para muchos vuelve a ser símbolo de esperanza.

    Los judíos despiden el año mojando manzanas en miel y se desean un próspero y dulce año nuevo, al igual que nosotros comemos las uvas dulces con la esperanza de que el año que viene sea bueno y dulce.

    En principio, cualquier día y lugar sirve para hacer un breve alto en el camino y echar una mirada en ambas direcciones de la línea del tiempo.

    La mirada atrás de hoy nos deja de nuevo el mal sabor de una crisis que sigue en su pleno y devastador auge. Medio millón de españoles cuyas maletas buscan la esperanza más allá de las fronteras, en lugares donde a veces no entendemos el idioma, pero entendemos mejor la mentalidad. El año pasado también nos deja la amargura de un país dividido, por un lado entre los inmovilistas y los separatistas y por otro lado entre los inmovilistas y los revolucionarios. Despedimos un año en el que vuelve a haber dos Españas que no se hablan y cuando se hablan no se entienden. Pero las uvas y la miel de la manzana no fueron en vano, algo dulce ha quedado. El año pasado hemos visto cómo se ha empezado a mover la clase política española. Por tan solo un puñado de escaños de un “partido” espontaneo se han empezado a desbloquear ideas arcaicas y oxidadas que parecía que nunca se moverían. De repente arranca la hiperactividad en la clase política española. Se desarrollan estrategias a largo plazo, se cambian reyes, se abortan leyes que se podrían haber impuesto con mayoría absoluta, se descubre el federalismo y la democracia participativa deja de dar miedo, las leyes electorales son cuestionables y la constitución provisional de 1978 se da cuenta de que los pantalones de campana pasaron de moda. Sin duda lo amargo de la manzana este año ha podido más que el dulce de la miel, pero una de las cosas que tienen los cambios de año y época es que siempre se parte con nueva esperanza.

    A nivel internacional casi sólo hubo amargura, por lo menos en los últimos meses. Un grupo minúsculo de asesinos ha conseguido demostrar que el ser humano sin ser humano no es más que un ser más. Un ser que sin sentido ni compasión decapita a inocentes ante los ojos de youtube, para demostrarnos que no estamos seguros, que no hay Marines ni Legión ni bombas inteligentes ni de las tontas de antes que puedan parar a un desalmado que pretende violar una religión cuyo nombre se apropia y ensucia. A la vez que hemos vuelto a ver que ante el terrorismo estamos completamente indefensos, la naturaleza nos ha demostrado con el ébola que, por mucho que nos esforcemos, seguimos siendo parte de ella y que incluso sin los problemas que nos creamos nosotros mismos habría problemas de sobra por resolver.

    Sea como sea queda la esperanza de que 5775 sea un poco más dulce y a los que aún esperamos al 2015 nos quedan unos meses para dejar algunas cosas arregladas, como dice Mecano “a ver si espabilamos los que estamos vivos” o como dicen los judíos “schana towa u’metuka” (un año bueno y dulce).

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